En nada debe sorprendernos la corrupción que a la luz ha salido gracias a los "video-escándalos" en meses pasados. El poder corrompe y es prácticamente imposible que un gobierno quede intacto ante ese mal, siempre existirán, aun en la administración más recta, brotes de corrupción de vez en vez. Lo que realmente debe escandalizarnos es la actitud que nuestros políticos han tomado ante tales muestras de carencia ética.
Con la democrática llegada, para bien o para mal, del actual gobierno, muchas cosas han cambiado también para bien o para mal. La democracia ha traído consigo tal vez más cosas por añadidura que por vía directa y son los "video-escándalos" muestra inequívoca de esa añadidura.
Estamos pues viviendo los primeros días de una democracia representativa, después de años de una aparente. Si acaso existió la democracia hace años en México, pocos quedarán vivos para recordarlo y esos pocos ya muy entrados en años, tal vez ni lo recuerden bien.
El proceso de democratización en México comenzó hace ya muchos años, se acepte o no, en los gobiernos priístas. El cambio que durante años se ha dado tuvo sus orígenes en las reformas constitucionales acaecidas en los gobiernos de López Portillo y de la Madrid (quizá incluso antes), cuando el presidente de la república dominaba al congreso y se puede decir, el país era gobernado por una especie de dictador sexenal.
Si bien es cierto, que durante ese tiempo siempre existió una izquierda incanzable que con gente como Lombardo Toledano, estuvo presionando y buscando participación en el gobierno, tampoco podemos dejar de negar que las enmiendas constitucionales aceptadas por el revolucionario institucional fueron las raíces del cambio que con los años terminó de gestarse.
El proceso lento vino desde los medios de comunicación maníqueos y los asesinatos a quienes intentaban decir la verdad, hasta las abiertas sátiras actuales y los vídeos mostrados sin temor aparente a represalias del gobierno. Quizá falta más camino por andar en ese tenor (y el el de la democracia completa), pero eso es cuestión de tiempo.
Obvio resulta que además de en una falsa democracia, el país estuvo inmerso durante decenios en corrupción desmedida (dejando de lado que una falsa democracia es también corrupción), cosa que por no salir a la luz no escandalizó en demasía. Todos hemos oído sobre los excesos de López Portillo y otros presidentes y colaboradores suyos. Luego, no debe sorprendernos un Bejarano guardando dólares o un niño verde chamaqueado.
El punto álgido es la actitud de los políticos. La actitud de López Obrador, que punto aparte de si existió o no un complot, prefiere agarrarse de ese argumento para lavarse las manos. La actitud de Fedrico Doring que ante el vídeo (dejamos de lado la pregunta de cómo lo obtuvo) prefirió mostrarlo en cadena nacional para dar un certero golpe político, antes de presentarlo ante las autoridades competentes (léase PGR).
La actitud del niño verde que anda por ahí con el rostro en alto y no se avergüenza de su vileza mostrada en el vídeo. La actitud de Santiago León, que "quemó" al niño verde sólo por ardido, porque no le tocó "hueso" en el PVEM. La actitud en fin, de muchos, que nos muestran y muy bien, que poco o nada les importa la corrupción y que sólo la toman en cuenta para anotarse puntos y restárselos a su vez a sus adversarios políticos.
Ante tal panorama de carencia ética, tampoco debe sorprendernos que la corrupción se siga dando tanto en el ámbito federal como en el estatal y municipal. Pero sobre todo y lo más crítico, no debe sorprendernos la corrupción en las calles, en las escuelas, en las empresas; la corrupción que nos compete, de la que todos somos partícipes; porque a fin de cuentas, quienes están en el poder son sólo una muestra del asqueroso universo que los mexicanos todos formamos.